La habitación estaba cayada, en aquellas cuatro paredes inundaba el silencio. Esto resultaba extraño, quizás fuera como aquel dicho popular "pasó un ángel", pero el ambiente era tan tétrico que no encuadraba con la frase. En el mismo instante en que pensó eso, poco a poco fueron erizándose uno por uno los cabellos de su espalda, pero eso fue gracias al frió típico de una noche invernal. "Tranquilízate" dijo en voz muy baja tratando inútilmente de no quebrar el frágil silencio, pero dando para si mismo valentía y animo. Y entre la penumbra pudo divisar dos pequeñas pupilas que reflejaban algo de luz proveniente de alguna ventila.
Con solo ver esa imagen su corazón se lleno de esperanza, la había encontrado después de tanto recorrer, de sortear cientos de obstáculos estaban ahí, solos en la fría penumbra. Pero rápidamente razonó, "¿Y se trataba solo de una trampa?", no solo otra desilusión, si no que también correría riesgo su vida. Pero la verdad es que ya no aguantaba mas, moría de ansias de besarle, abrazarla, ¿Qué importaba ya perder la vida? Había sufrido demasiado, por lo menos si no era ella tendría la satisfacción de haberla imaginado aunque sea unos instantes antes de su fin. Corrió, corrió y corrió cortando la oscuridad a su paso como si estuviera hecho de cuchillos, y al llegar la abrazó. La abrazó como nunca había abrazado, y en ese momento su característico aroma, mezclas florales y almizcle, inundo su olfato dándole la seguridad de que era ella. Entonces la besó, con esa pasión con la que solo besan los verdaderos amantes.
Despertó de un vuelco, agitado y sudando. Entre la tiniebla de la noche vio un movimiento que se incorporo junto a él.
-¿Qué te pasa, amor? -casi como un canto susurro una suave voz- ¿Estas bien?
Y el la reconoció de inmediato, aquella dama con la que estaba soñando era ella, con la que había soñado tantas veces, estaba junto a él, y la amaba. Casi sin pensarlo la rodeo con sus brazos y beso sus tibias mejillas a ciegas, pero no necesitaba luz para localizarla, conocía a la perfección cada centímetro de su cuerpo, no necesitaba mas que sentirla, saber que estaba ahí.
-Nada hermosa, nada. Descansa tranquila, estoy perfecto al lado tuyo.

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