Bostezo

Es tan hermoso caminar lentamente por las pequeñas calles de este lugar, son tan estrechas y en cada esquina encontras cinco mas. Quizás sea un día nublado, pero aún así las luces de los arboles no pierden su sutil efecto. Se escucha el crujir de un anaranjado colchón de hojas, que rompe el silencio sin pedir permiso. Y una bocanada de viento frío me empuja con fuerza irritando las mejillas que están bajo mis ojos. Cosas que a uno lo hacen sentir vivo. En ese instante, algún hilo de esos que manejan mis movimientos, me hizo voltear suavemente hace la derecha, encontrándome así con un pequeño bar, de ventanas sucias y barras olvidadas. Dentro de el se sentaba un hombre mayor, con su cabello cubierto de algunas cuantas canas, y ojos cansados, tan cansados que soltó un bostezo.
Esto me transporto rápidamente, a uno de esos viajes que hago hacia algún lugar para poder escapar de la rutina y la estructura que encadena en la ciudad. En algún pueblo alejado del norte, llegué cansada de tanto caminar, y con la lengua tan seca, que necesitaría un caudal inmenso de agua para poder hidratarme. Entre algunos yuyos divise una pequeña casilla de barro, y decidí ver si encontraba algo de hospitalidad. Efectivamente, una señora de baja estatura y tez morena me recibió diciendo: "Joven viajera, te he estado esperando. Pasa, pasa." Y aunque estaba algo sorprendida, atravesé igual el pequeño umbral de la puerta. 
Era un sitio bastante humilde, pero aún así rustico. Un pequeño hogar tenía dentro leños encendidos que daban calor a la habitación. A su alrededor, se encontraban algunas pieles y troncos formando un sillón de dos cuerpos, o algo parecido. "Ponete cómoda, toma asiento" pronuncio con una voz que me resultaba tan abrigadora, y le hice caso. La mujer desapareció tras una cortina que parecía artesanal, hecha con lanillas de distintos tonos de azul y verde; y a los pocos instantes volvió con una pequeña jarrita de arcilla en sus manos y me la ofreció, en su interior había agua. ¡Que oportuna esta mujer! Me causo tanta intriga, que solo pude preguntarle "¿Usted me conoce?", la mujer fijo sus profundos ojos negros en los míos, y su boca carnosa dibujo una sonrisa. "Niña, muchos viajeros pasan por aquí todo el tiempo buscando algo" dijo de pronto en tono explicativo "Conozco a los viajeros, cuando tenia fuerzas era una de ellos, ahora solo me dedico a darles refugio cuando andan cerca". Eso fue casi todo, me basto su explicación, no se porque pero no necesite muchas palabras para entenderme y comunicarme con aquella mujer.
En los leños que poco a poco fue echando, fue creciendo una llama tras otra, y su mágica luz fue hechizandome de a poco haciéndome adormecer y desatando un bostezo. De repente, la mujer rompió el silencio con una leve risita, seguida de estas palabras "Bostezos, este espíritu no se queda quieto" y mi genio pudo conmigo, y tuve que preguntarle "¿De que habla?". "Mi niña" contesto "Existe un espíritu que vive en el aire, en el viento. El se hace llamar bostezo, entra débilmente por nuestros ojos para quitar un poco de nuestras fuerzas y así seguir adelante robando otras fuerzas en otras almas, pero para poder salir debe seguir un mecanismo, acariciando nuestros ojos para que se cierren y así logrando que nosotros abramos nuestra boca dejándolo huir libremente, y muchas veces contagiando a otro. Porque al ser tan veloz, cuando uno apenas termina de bostezar, aquel que lo vea bostezara, y así en cadena le damos vida a su existencia" y al terminar estás palabras bostezó. 
Quizás suene increíble, pero ver a ese hombre me recordó tal historia, que confieso, le tengo cierta fe. Pero ¡buuaaeeeno!, perdón, bostecé. Pero bueno, creer en estás cosas, depende de cada uno. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario