Mairita fue la pequeña que sintió el ardor.
Se sentía frustrada, engañada y traspasada por mil cuchillos de faquir.
Se dejó dormir en el suelo, agotada de sentir la tristeza que provocaba la noche en vela.
Se dejó arremolinar por la suave ventisca que la hizo ilusionar.
Se enrolló en los brazos del dueño de los cuentos por contar.
Se apoyo casi sin querer sobre su pecho desnudo.
Se posó suavemente, allí encontraba una extraña seguridad.
Se pasó ahí unos minutos, sin casi dudar.
Se le abrieron los labios, así pudo sentir mas.
Se sintió temblar bruscamente, era algo particular.
Se sintió un placer inmenso.
Se echó para atrás.
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