Así interprete yo la historia:
Niños, eran niños inmaduros que dieron a luz la luz del día a la mitad. Pequeños adolescentes inmaduros que no sabían a penas como se hacia para andar. Cada uno arrastraba historias y años de incomprensión, machadas por padres propios que apenas sus nombres recuerdan hoy. Se conocieron a los golpes, y así se amaron, y así siguieron. La joven luz nació de ellos, pegada a sueños que algún día contara en forma de miles de libros y canciones, pero por lo pronto eso, es joven.
Y como es de costumbre entre niños, no se entendieron, un largo tirón de pelos llevo al mas fuerte lastimar al mas débil, lastimar fríamente. Y el mas débil necesitó descargar ira reprimida al no poder volcarla en el otro niño, y lastimó también.
Pobre de la luz que quedó en el medio de la situación, pobre de la luz que fue la verdadera victima. Todas las tempestades de siglos de frustraciones heredadas de padres a hijos cayeron sobre la pequeña luz, sin mas remedio. La pequeña luz no solo fue lastimada, si no que sangró por dentro.
Pero, repasemos la historia, la luz nació pegada a sueños. Eso es lo único que mantiene viva a una luz, y esta comprobado científicamente. La luz se cubrió de ellos, armo sus vendas y las pasó alrededor de cada herida, dejando a su marca una enseñanza mas.
Ojalá los sueños de la luz algún día se hagan realidad, yo confío en ella.
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