Es dorada, literalmente. Que cosa hermosa, como un día de sol. Cada uno de tus poros dejan brotar la fresca calidez de las colinas iluminadas. Tu nariz prominente se pone a la par de tu sonrisa, que solo se curva hacia el lado izquierdo. Jamás podré resistirme a eso. Labios gruesos en un beso, labios finos en una sonrisa.
Sigo pensando tu piel, tostada como ninguna. Tus ojos negros, tan profundos hacen honor al gran océano que otra vez me trae a tierra. Tus cejas enmarcando esa mirada cómplice, y tan seductora. Podrían ellas ser el arma mas letal para una dama. Que cosa hermosa, como un día de sol.
El viento es la fiel compañera de baile de esos semibucles rebeldes que saben tener presencia en tu mollera. Y aún así, siendo negra tu cabellera, el sol allí está presente dejando huella de la bella Toscana. Y yo aquí mirándote atontada desde alguna ventana. Tu estampa de hombre febril, pecho caluroso y brazos fuertes, lecho de mi descanso por el resto de mis días. Que fuerte es la pasión que a vos me atrae, el día que tenga cerca tu vista caeré en ti sin remedio. Me perderé en las ondas azabaches de tu cabello, libres y plenas. Te aferraré tan fuerte a mi pecho, y te diré: Sol mio, estoy frente a ti.
Llévame con vos entre los aromas mediterráneos, y no me traigas nunca mas a la vida. Bañémonos en el vino del buen augurio y la paz venidera. Volemos juntos, siempre te habré soñado.
Me despertaria temprano con el primer aroma de los panes, recorrería tardes enteras de tu mano bajo los inmensos parrales. El Sol filtraría a través de las hojas de la uva, pero se encontraría opaco junto a tu reflejo, junto a ti mi verdadero Sol. Y caería la noche, y no le temería, porque junto a ti mi hombre, siempre será de día.
Siempre te veo caminar entre los altos pastizales de la Toscana, que te cubren apenas la cintura. Tu andar decidido tendría como meta a mi persona, y esperando tu llegada las colinas me serían interminables. Tu expresión de alegría llenará mi alma de una sensación de amor puro infinito, y tu lunar en la mejilla izquierda me dejará besarlo. Cuanto lo habría extrañado.
Me despertaria temprano con el primer aroma de los panes, recorrería tardes enteras de tu mano bajo los inmensos parrales. El Sol filtraría a través de las hojas de la uva, pero se encontraría opaco junto a tu reflejo, junto a ti mi verdadero Sol. Y caería la noche, y no le temería, porque junto a ti mi hombre, siempre será de día.
Siempre te veo caminar entre los altos pastizales de la Toscana, que te cubren apenas la cintura. Tu andar decidido tendría como meta a mi persona, y esperando tu llegada las colinas me serían interminables. Tu expresión de alegría llenará mi alma de una sensación de amor puro infinito, y tu lunar en la mejilla izquierda me dejará besarlo. Cuanto lo habría extrañado.
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