Espíritus azules.

Comienza, y el calor sube. Nace en algún rincón escondido de la punta de los dedos de mis pies, y al suave movimiento de sus (a veces) doce compases me atrapa. Me van recorriendo en un breve soplido, cada vez mas y mas intenso, penetra mi piel, y sube sube sube. Y llega, y no puedo mas que dejarlo pasar, y revota dentro mio como alocado, sin control ni permiso, me moviliza para acá para allá y me lleva al punto exacto donde el éxtasis y el amor se conocen. Pero no me deja terminar ahí, sigue.
Comienza otra vez, pero mas suave, lento, apaciguado, y cada nota tiene su intensidad característica, dulce y sutil. Misterioso, pareces escondido entre cuerdas, pero te dejas mostrar atrevidamente. Me haces morder los labios y cerrar los ojos, pareces una caricia que enaltece mi cuerpo, y me renombra.
De pronto, me obligas a contornearme a tu gusto, cruel sonido, estás tan dentro de mi que solo puedo hacerte caso, estas en cada poro de mi. Quizás parezca hechizada, puede ser.
Me hipnotiza sensualmente el movimiento de tus notas, que no veo mas que con los ojos cerrados. Y cuando mas fuerte aprieto mis ojos, mas claras las veo, y mas necesito morder mis labios. Mi piernas se cruzan, es inevitable, ya estás en mi. Ellas se retuercen, y se vuelven a estirar a tu ritmo, te aclaman. Caderas, ahí se posa la mas dorada de las mariposas, y en su sitio provoca el sentir explosivo del siguiente compás, que siga un poco mas. Sube por la panza desnuda, dibujando rulitos de locura. Se detiene en los pechos y comienza a brincar, separando se en dos parte, un pentagrama en cada brazo. Allí ellos pueden ondear cada una de las sensaciones que causa abrazar la música, la sensualidad. Sube a la cabeza y es el momento de frenesí total, donde la hechas para atrás y el punto más alto donde te podías elevar ya a pasado. Y en picada comienzas a bajar.
Caes de frente al suelo, pero no duele, es tan dulce el dolor en ese punto.
Espíritus azules.

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