Lluvia, te veo desde acá, sentada en mi ventana junto a un gato blanco como motas de algodón. Hoy, en esta noche especial esperaba encontrarme con la luna para contarle que me fue bien en ese asunto que le conté durante mi desvelo.

Pero lluvia, que suerte que te encuentro. Vos y yo nos debemos una charla hace ya un tiempo.
Supongo que sabrás que estuve muy enojada con vos. La verdad los últimos momentos que hemos compartido juntas no fueron todos muy gratos. Me sentía algo mal bajo tu cristalino manto a veces. Hoy, lluvia, me puse a meditar, vos no tenes culpa. Vos no tenes culpa alguna, querida amiga. Vos sos compañera, estuviste en tantos instantes importantes en mi vida, tu brillo y tu frescura sin pedir nada a cambio.
Como tiempos malos, compartí otros muy buenos a tu lado, porque sos vida. Sos quien me recuerda que estoy viva cuando mojas mis labios, tu sinfonía es la que alivia las heridas causadas por los daños, tu perfume trae el ayer a mi nariz recordándome que siempre llevo una niña dentro.
Sos el punto exacto en el que el calor y el frío se aman, sos vida. No puedo enojarme con vos, así que voy a ponerme de puntillas y bajo tu música voy a bailar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario