Y así subí a estos trenes del hoy, buscando colores a través de los caminos de asfalto que a veces tiran sus lengüetas de fuego que arden y hasta queman. Ocupé uno de los primeros asientos, de esos que no hay que ocupar por si las dudas. Detrás de mi se encontraba alguna de las que alguna vez fue mi abuela, me senté ahí solo para sentirla cerca. El viaje a penas comenzaba, siempre hay que estar alerta, siempre ocurre algo divertido. Pronto el gran transporte en el cual me encontraba frenó en la parada que seguía, subiendo así gente de otra estación.
La inocencia tomo figura y posesión de una pequeña niña de bucles castaños atados a una coleta. Entre el cardumen de peces en busca de colores pude distinguir su particular brillo, tenia un alma hecha plenamente de luz. Por meras cuestiones de seguridad (o del destino) dio a parar junto a mi, acomodando sus piernecillas al compás de un viejo asiento. Sus grandes ojos marrón intenso, algo almendrados se fijaron en los míos, que pronto tomaron expresión de timidez. "Hola" saludé algo avergonzada, "¡Hola! Yo me llamo Lucía, ¿Vos?" me contesto con una simpatía digna de un ángel. No sé por qué le mentí, sé que está mal mentir a los ángeles, pero la coincidencia me asustó un poco, juro que mentí por temor. Le conteste que me llamaba Sofia, estaba pensando en esa muchacha.
Nuestra charla continuo muy fluida, conducida perfectamente por su carisma. Entre tropiezos de letras y ansiedad me contó que estaba preparando un regalo especial, ya con mas confianza le pregunté para quien seria; "mi mejor amigo" contesto con énfasis "lo quiero mucho" agregó "y cuando sea más grande, lo voy a amar mucho mas". Su sonrisa ya era preciosa, pero cuando me comunicó esto ultimo, se le ensanchó de una manera tan dulce que la ternura se coló por mis huesos. "Yo sueño que cuando seamos grandes estemos juntos siempre, y tengamos hijitos, y seamos felices como en los cuentos" confesó de la nada, sin que yo siguiera interrogando. Me dejó algo perpleja, no sabia que agregar, no sé bien por qué, pero mi alma me dio un vuelco en ese instante. "¿Vos tenes un mejor amigo?" me preguntó algo asustada, supongo que por mi expresión. No supe que contestarle, no pude abrir la boca ni separar apenas los labios para soltar alguna silaba. "Uy! Mi mamá me llama ¡Chau Sofi!" dijo con una sonrisita que me dejo ver los espacios vacíos que había dejado algún diente de leche. Su manito danzó sutilmente unos instantes hasta que se perdió entre la gente del tren, supongo que se encontró con su madre.
Continué algo paralizada unos instantes, hasta que por fin pude entre abrir las lineas de mi boca. "Si, yo también tengo. Y tengo que terminar su regalo" susurré. Cerré los ojos y me dispuse a dormitar, faltaba todavía para llegar comoda a mi destino cercano.
Cuando vuelvas a escribir algo como esto, voy a hacerme un café, voy a poner el vinilo de los Beatles y voy a tomarme un tiempo para leerlo, una, dos, tres veces. Hoy, no me diste tiempo. Sos linda ♥.
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