Estoy cansada, y probablemente escriba cosas incoherentes ¿Qué importa? Me da igual a estas horas.
Mañana la fresca me levantará de un salto para alcanzar las estrellas con una simple mirada. En mis pies se tornara la alegría de saber que están cerca momentos que añoraba de tan chica. Gente vestida de azul se colará en mis sueños de joven audaz, y complementaran los horarios vespertinos de un amor a cuenta gotas.
La risa cobrará el sonido del llanto, y tu rostro y mi rostro se unirán en soplo de conexión, que me gusta llamar amor. La remera rayada que llevaba puesta ese martes pasado, quedara en tu memoria para que puedas dormir tranquilo, y sobre ella algún cuento de Borges que no te deje despertar.

Te escribí algo, bah, muchas cosas. Tantas veces, no sé, no tengo el valor de mostrartelas. Cantaremos algún día la canción de la abejas, mascotas insanas de mujeres que rondan en plazas tiradas como viejas. Llega el momento en que te soltas, y descargas toda tu tensión sobre mi. Que grata es la sensación de sentir que me amas. Y hacer el amor a veces no es simplemente eso, a veces en pleno entendimiento tus ojos se cruzan en una milésima de instante con los mios y el mundo se congela a nuestro alrededor, y no solo eso, la vida se torna desde otra perspectiva ¿He escrito sobre hacer el amor? Creo que si, pero lo he ocultado sutilmente en poética sumisa. Tendría que dedicar grandes hojas, y hasta quizás un día me reclames derechos por nombrarte en algún renglón, hombre. Si te amaré, vives en las sombras de los espejos que están pegados en mi pared.

Miles de sensaciones haz hecho infundir en mi vientre, en mi alma. Corrientes han arrasado conmigo desde tu lugar, y aquí como una amada amante ¿Qué mas cuentos puedo contar si no me dejas noche? Sé que la transformaras en día con tan solo soltar un broche. Brumas cuentan la caricia ruidosa en el silencio que sabes provocar, y los vientos se asemejan a mi suavidad. Constantes armonías dan a tu cuerpo forma, dibujan en mi alfombra tu boca que me nombra.

Termina por existir una sed que no se termina por saciar, que quizás se encontraba allí desde antes, que estaba antes de despertar. No se si comprenderás algún día que apresaste a una fiera, y en el momento exacto en el que estuvo por saltar y rugir. Que bien te hubiera sentado un arañazo de ella, y el misterio te corrompe hasta la ultima de las venas, mujer con ojos profundos de cristal. Mañana la fresca nos despertará.

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