Tuve una pesadilla, pesada en cuestión. Me costó mucho levantarme, me dolía mucho el mentón.
El ambiente era gris, y había muchas autopistas. Él partía ya muy lejos y yo jamás lo vería.
La angustia aún me pesa, aunque solo fue un sueño. Que extrañas sensaciones llenaron a mi cuerpo.
Y luego de despedirlo tendría que seguir mi vida, una vida que no existía. Una vida que no era vida.
Caminaba ya sin ganas, me pesaban mucho los sueños. Y una presión maldita se acunaba en mi pecho.
Me desperté enjugada en lagrimas, crueles mártires de desolación. Mi aliento ya recuperaba su característica emoción.
Me percaté de que era un sueño, entre ojos somnolientos. Divisé su rostro en mi almohada y lo abracé con la fuerza de los vientos.
Lo besé murmurando su nombre, le pedí que no tuviera miedo. Lo llevé en silencio al camino más dulce de los cuentos.

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